Introduction

El Rencor de Rony (caso real)

Los perros que viven a sus anchas sin normas en su vida diaria, cada vez van siendo menos tolerante ante lo que les frustran
El rencor del perro

El Rencor de Rony (caso real)

Perro mastín español
Perro mastín español

Este caso, sobre el rencor del perro, va muy al hilo al artículo anterior. Leer Artículo; La memoria del perro.

Beethoven es un perro de la raza de mastín español, de seis años de edad.

Este perro fue criado en el mismo entorno desde qué llegó, junto a más perros.

Es un caso sobre el rencor del perro, que me recordó la importancia y la necesidad de implantar en el perro, unas normas y límites en su vida diaria. Ya que de lo contrario, nunca se fomentará la  resistencia necesaria sobre sus impulsos, para convivir en nuestra sociedad, (humanos o perros).

También me llamó la atención la capacidad de memoria que tiene el perro.

Os pongo en situación….. 

Este perro siempre se movió entre otros perros, sin manifestar problemas de comportamiento durante la convivencia.

Nunca salió fuera de aquellas las instalaciones, siempre hizo vida dentro (no conocía más).

Es más, no sabía ni pasear atado de la correa.

Rony siempre andaba apegado a otro perro mestizo. Este cinco años mayor que él. 

Su trato hacia los demás, era amistoso y siempre con ganas de agradar. Sobre todo al mayor. 

Este que es un perro un tanto excitable y jerárquico.

Rony aceptaba todo límite qué le imponía el mayor, cuando no quería ser molestado o incluso de convivencia (comida, juego de pelotas, hembras…etc).

Al llegar Rony a la edad de nueve meses, fue cuando presenció un episodio de agresión por parte del mayor.

Rony como cachorro que era, respetó el límite jerárquico qué le imponía. Aunque el daño y la mala experiencia quedaría ya en Rony.

Su memoria archivó esa mala experiencia, para seguir con su vida de cachorro. 

Al carecer de madurez y dureza, Rony era un cachorro que funcionaba bien dejándose dirigir por los demás, evitando conflictos.

Cómo he comentado anteriormente, siempre andaban todos juntos en un cercado, sueltos y campando a sus anchas, dónde todo valía. 

La jerarquía, cada vez tomaba un papel más determinante en la convivencia.

Ya que cuando Rony llegó a la edad adulta, se iba respirando cada vez más rivalidad entre Rony y el perro mayor.

Se dejaba notar la tensión, la excitabilidad, y el continuo marcaje jerárquico (orinar uno detrás de la marca del otro).

Aún así, Rony se controlaba no entraba en conflicto, ni cuando era provocado. Aunque en su cara se observaba, que ganas no le faltaban.

Los procesos agresivos no estaban tan avanzados, nunca existió una agresión, sólo amenazas entre ellos (gruñidos) pero no fue a más.

Hasta que llegó el día que su propietario se dispuso como cada miércoles, a hacer una comida para todos.

El olor de aquel manjar activó el sistema de recompensa de todos los perros. 

Todos estaban expectantes, la excitabilidad aumentó en el ambiente, y la tensión entre Rony y el mayor estaba latente.

Fue la aproximación excitable de otra perrita hacia Rony, lo que activó y dirigió la agresión hacia el mayor que se encontraba al lado. 

Siendo un episodio tan desagradable, que el mayor terminó en quirófano con heridas de grandes dimensiones.

¿Qué desató la agresión en Rony? ¿Por qué la agresión fue dirigida al mayor, si no iba con él? ¿Guardaba rencor hacía el mayor?

Yo optaría primero, con que esa experiencia pasada aún estaba en Rony. 

Por la rivalidad jerárquica como desencadenante y la poca o nula resistencia sobre sus impulsos, cómo explosión.

Cuando me dispuse a recoger datos sobre el terreno, pude ver en los ojos de su propietario, una mirada asustada pero a su vez resentida por la situación.

Una mezcla entre lástima y sentimiento de culpa. 

Es normal y suele ocurrir en persona que quieren hacer un bien con sus perritos, pero que su falta de conocimientos, les lleva a estos errores. 

De un bien, hacen un mal.

¿Cómo enfoqué el caso?

Necesitaba endurecer a Rony, pero para ello antes necesitaba endurecer al propietario.

Haciéndole ver que dando rienda suelta al perro, la agresión iría a más. Y que había una necesidad de ser firmes en la disciplina sobre un modelo educativo, para evitar cualquier otro caso sobre el rencor del perro.

Así que opté por el siguiente enfoque:

– Enseñar al perro a andar junto. 
– Familiarizar el bozal.
– Cortar el impulso desde el gruñido.
– Implantar normas y límites en su vida diaria.
– Ser castrado para que haga su trabajo a largo plazo.

Cuando todas estas acciones estaban claras en el perro, enseñé al propietario a manejar al perro, para qué lo endurezca MOVIÉNDOLO MUCHO EN LA SOCIEDAD. 

Aceptará que todo no vale, y que en la sociedad del humano, y en su convivencia, existen ciertas normas que deben ser respetadas, SIEMPRE.

Hoy día no tiene el mínimo interés por el perrito agredido y acepta qué debe ser un perro civilizado.

Piensa en consecuencias antes de actuar.

Nota: no olvidar que toda resistencia sobre sus impulsos irá siendo cada vez más sólida en su día a día, PROGRESIVAMENTE.

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