Introduction

El caso de la perra de rescate, Dana

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El caso de la perra de rescate, Dana

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Golden retriever en la nieve

Hoy hablaremos de un perro de rescate. Este caso viene muy al hilo con el anterior artículo sobre la motivación, para que os hagáis una idea de la importancia de motivar y de usar correctamente lo que despierta interés al perro y lo lleve a actuar.

Hablare de “Dana”, una perra de la unidad de rescate en montaña de los bomberos de Cádiz, formada para la búsqueda de personas en áreas abierta. Su raza es pastor alemán, tenía entonces dos años de edad, una entrega y carácter muy propicio para el rastreo.

En mi trabajo como adiestrador de perros, cuando la conocí siempre estaba predispuesta a la búsqueda de las víctimas y ansiosa por empezar su trabajo de rescate.  El carácter es muy importante, se necesitan perros duros en la especialidad de rastro para así sacarles partido, (su nivel de excitación e intensidad se mantendrán durante más tiempo) ya que cuando se trata de rastrear se gasta mucha energía.

Tiene su importancia a la hora de un rescate, porque al encontrar las víctimas, deben de ladrar al aire (como señal de alerta) y claro, cuanto más carácter mayor será la frustración que sentirán al encontrar las víctimas para recibir el premio y mayor será el tiempo que mantendrán los ladridos.

Lo que a Dana le hacía mantenerse motivada para buscar a la víctima era jugar con su guía y el rodillo.

Recuerdo que cuando empezamos con su formación “Dana” daba buenas sensaciones desde cachorra, le gustaba jugar, y siempre se mostraba participativa en el juego de buscar. Sus tiempos y efectividad mejoraban progresivamente. Era ponerla en el punto de partida y…. ¡Zas! directa a las víctimas para ladrarles.

Pero llegó el día que “Dana” nos sorprendió, nos encontramos con que había veces que encontraba a las víctimas y no dejaba de ladrar, y otras, sin embargo, acto seguido de encontrarlas no alertaba, miraba a la víctima y seguía rastreando y buscando otros olores más curiosos, sin hacer ni caso, pasando incluso varias veces por su lado.

En aquel momento todo eran dudas…

¿Sería que estaba muy estresada y estaba pasando factura tanto trabajo? ¡No!, puesto si fuera estrés y no disfrutara, directamente no trataría ni de entrar al juego de buscar, entraría en evitación.

Entonces, ¿Sería que “Dana” no era tan efectiva como se creía en un principio y pasaba a no ser apto para esta especialidad? Tampoco, ya que con lo directa que en muchas ocasiones ha resuelto una práctica de rescate, no cabe duda que tiene claro que hay que hacer y cómo.

Y todo se reducía a esta pregunta, ¿por qué “Dana” en ocasiones dejaba de tener interés en las victimas y en el juego?.

Pensaba y estudiaba una y otra vez la motivación que mostraba y el tiempo que lo mantenía durante la práctica y en la frustración que reflejaba al encontrarlas. Y llegué a la conclusión de que quizás a esa motivación sería bueno añadirle un poco de presión.

Y, ¿Cómo metemos presión a un perro sin dejar de tener en cuenta que debe disfrutar?

“Pues como al jugador de fútbol que cuando baja el ritmo de juego es cambiado por otro del banquillo”.

Es decir, añadiendo en sus búsquedas un “competente” un perro que le encantara el juego de buscar y jugar con la pelota. Y también imponer a Dana un tiempo de búsqueda si lo sobrepasaba, vuelta a ser atada (al banquillo), mientras acto seguido Dana ve como se sacamos otro perro para trabajar, ¡o peor aún! para jugar con el figurante de la práctica de rescate.

Y así lo hicimos, ¿Cuál fue nuestra sorpresa? “Dana” se volvió más participativa de lo normal con el juego de buscar.

¿Qué es lo que hizo que encendiera la mecha y buscara de forma tan activa? Lo que hizo activarse fue la “motivación por llegar primera a su rodillo” necesitaba esa presión para sacar lo mejor de ella y así valorase más el premio.

Si lo pensamos bien, ¿cuántas veces hemos tenido que ponernos las pilas para conseguir un puesto de trabajo, o un puesto en la plantilla titular de nuestro equipo de futbol local?

Eso nos hace motivarnos a la acción y sacar recursos, siendo más dinámicos ante las adversidades. En este caso “Dana”, sabía que tarde o temprano el rodillo siempre llegaría y por eso empezó a bajar la guardia, porque el premio podía esperar…. ¡porque siempre llegaba! Con el añadido de otro perro se le dio la sensación de pérdida, como ya visualizó y memorizó mientras permanecía atada.

“Sintió el valor de nuestra atención, nuestro afecto, el premio y el juego de buscar”.

Por eso, a la hora de como adiestrar un perro, hago tanto hincapié en aprender a MOTIVAR y en saber usarlo adecuadamente, con ello podemos sacar muchísimo partido. Ya que no hay que olvidar que la motivación es la llave para enseñar muchos aprendizajes a nuestros perros.

Muchas veces hay que tirar de ingenio y astucia para hacer al perro pensar y despertar el interés necesario para hacerlo actuar. Ya que cada perro es un mundo y a todos no les llama la atención los mismos estímulos.

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