Introduction

Ley del mínimo esfuerzo. Perros resolutivos.

La resolución en el perro, se puede ir fomentando al igual que lo hacemos con su educación diariamente.

Ley del mínimo esfuerzo. Perros resolutivos.

Perro jugando con un palo. El perro y la ley del mínimo esfuerzo.
Perrito jugando con un palo

La ley del mínimo esfuerzo está íntimamente ligada a la psicología del perro. Por lo que, si queremos hacer que el perro piense en cómo lograr su objetivo durante algún aprendizaje, debemos fomentar la resolución a través de un elemento motivador (juego o comida).

Este debe de despertar el suficiente interés, para que se mantenga durante el mayor tiempo posible, y así mueva al perro a pasar a la acción.

Si nos marcamos un objetivo con el perro, con independencia de su especialidad, debe sentir durante la actividad que nada le será regalado.

Qué toda acción que vaya en nuestra dirección, será recompensada por nosotros.

De lo contrario, el perro aprendería a buscar el premio lo más rápido posible, con acciones que ya sabe realizar.

O en los casos, en los que el premio es demasiado accesible.

La intensidad y precisión del perro irá decayendo progresivamente.

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De ahí, presentar los típicos problema de conducta en la iniciación de cualquier aprendizaje.

Se distraen con facilidad ante cualquier estímulo del ambiente (olfativo, visual), entrando en evitación. 

Bajan la guardia, porque saben que la recompensa la tendrán asegurada. 

Por lo que, en ambos casos, el perro está aplicando la ley del mínimo esfuerzo.

Ya lo ha demostrando el lobo como primogénito del perro, a lo largo de su historia. 

Ahorran energía como forma de supervivencia, para emplearla durante la caza.

Respetar la exigencia progresiva durante su formación, además de estimularlo a pensar, hace que el perro vaya creyendo cada vez más en si mismo. 

Hará que el perro se involucre en la actividad, mostrándose cada vez más participativo.

Es por ello, que no se le permitirá que descubra otras vías, y mucho menos, no den valor a lo que le ofrecemos, (atención, premios).

El perro mientras está realizando un trabajo junto a su propietario, ambos obtendrán numerosos beneficios para el binomio.

– El perro valorará la recompensa y quién se la proporciona.

– Al finalizar la actividad, el perro se sentirá reconfortado por la recompensa final, por el afecto, o por como le hace sentir ver cómo agrada a su propietario.

– Su autoestima se verá reforzada en cada sesión.

– El vínculo se irá consolidando con fuerza. El entendimiento, y la comunicación entre los dos será un hilo bidireccional constante.

Se debe evitar la ley del mínimo esfuerzo, siempre. Y como dijimos antes, deben de dar valor a lo que le ofrecemos.

Formas de enfocarlo:

– Buscar un elemento motivador que provoque interés y intensidad en el perro.

– Reducir el tiempo de trabajo. Menos es más. En positivo.

– Reducir la ración de comida, para resolver necesidades primarias durante la actividad (comida). 

Se ha demostrado en actividades de rastro, que al trabajar con el estómago vacío, se muestran más participe, porque activan los instintos de caza.

– Para que se vuelvan más intenso, podemos hacernos con otro perro. 

Al vernos interactuar con otro perro, mientras permanecen atado, dará valor a nuestra atención, afecto y juego.

Se querrá anticipar al otro perro, porque sienten, que nuestra atención no siempre está a su alcance. 

Por lo que se activará con el fin de agradar, e interactuar con nosotros.

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