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La castración como recurso educativo

La castración como recurso educativo

castración
Primer plano de perrito mestizo negro

Me gustaría aclarar un tema que como adiestrador de perros me preguntan mucho cuando aparecen casos de agresividad en perros.

“Hola José Luis, te comento. Tengo un perro raza ratonero o bodeguero y se tira a morder a otros perros, me han recomendado la castración para eliminar estos problemas existentes. ¿Qué opinas al respecto? O, ¿por el contrario no es necesario y pasamos directamente al adiestramiento para corregir  la conducta?”.

Bien, y ahora lanzo yo otra pregunta. Si castramos al perro, ¿esto hará ausencia de memoria sobre lo aprendido?.

Habrá menos fijación en marcar y dominar a la hembra o él macho por el tema del celo, pero si hablamos de un perro que ya llegó a su madurez  pueden existir aprendizajes y conductas consolidadas.

Esto es debido a que, muchos de los aprendizajes provienen de la ausencia de disciplina. Es decir, la castración no exime de qué tengamos que trabajar en el perro el desarrollo del autocontrol, con ejercicios y normas qué generen resistencia a la frustración de forma progresiva, eliminado los impulsivos y que vaya pensando en consecuencias.

Hay  que evaluar al animal para sacar un diagnóstico certero y así hacer un plan de actuación y no dejar todo el peso de la terapia a la castración y sobre todo, tener muy claro cuál es el desencante de lo que le motiva a actuar.

Sobre todo, la castración hará que a largo plazo trabajaremos con un perro más tranquilo, generando más control y atención sobre el perro pero, el problema no está desechado, sigue estando en el perro, el seguirá actuando con los mismos mecanismos desencadenantes.

 De la misma manera…¿Y si existe un trastorno instaurado ya en el perro adulto o un proceso hacia la motivación hostil bien definida? 

Yo más bien lo plantearía como parte de la terapia a realizar con el perro, ya que la castración no es un todo, hará reducir tanto en machos como en hembras ciertas “hormonas”, pero no la ausencia de la  “memoria” y conductas ya marcadas.

No hay que olvidar qué aunque castremos ya sea en el caso de los machos como en las hembras,  y no exista en el organismo del macho la misma cantidad de testosterona que mandaban los testículos y en él caso de las hembras el cerebro no reciba la misma cantidad de estrógenos ováricos, el cerebro sigue actuando de la misma forma durante un tiempo.

También hay que tener presente la importancia de si la madurez llegó al perro o aún está en el proceso del perro joven, ya que nos irá marcando lo instaurada que está la conducta y sobre todo si existe algún trastorno  consolidado.

En  los perros de asistencia a la discapacidad visual he podido observar que la castración hace más efecto en el comportamiento del animal en la edad de cachorro (seis meses)  ya que de forma preventiva se evitan muchas modificaciones de conducta, sobre todo en la edad critica hormonal de nueve a quince meses.

También he presenciado algunos de estos perros,  que después de ser castrados siguen  presentado signos de dominación hacia otros perros, pero me temo que irá en basé a la disciplina educativa qué hayan proporcionado en su educación diaria. Aunque biológicamente no se asegura nada, siempre estará presente la manera de ser del perro y aquí poco puede hacer la castración, que no haga una educación consistente.

Así que resumiendo, yo castraría al animal, no para conseguir que cortar los procesos de la agresividad y evitar que se instale en motivación hostil, si no, para que se asiente más y así ganar más atención y control a la hora de pasar a la acción terapéutica.

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