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La Agresividad. Nerón, Rottweiler impulsivo (caso real)

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La Agresividad. Nerón, Rottweiler impulsivo (caso real)

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Primer plano de la cara de un Pit bull

Hoy hablaremos de la agresividad del perro.

Nerón, cachorro de la raza Rottweiler de siete meses de edad.

En principio sus propietarios me solicitaron mis servicios para adiestrar al perro en obediencia y así poder controle.

Cuando me dispuse a conocer el ambiente donde se desarrolla su educación, observé que por sus movimientos y por su persistencia al juego, se trataba de un cachorro qué aún estaba en su desarrollo emocional hacia su madurez.

Son los movimientos atolondrados, pesados, torpes, echar las patas, provocar el juego o la atención con lo primero que encuentra en el suelo…etc. Algunas de las señales que denotaban que se trataba de un cachorro con escasa madurez.

Tras conocer la convivencia y el carácter del perro, supe que era un perro bien recibido y querido por todos los integrantes de la familia. La aceptación por todos los miembros de la familia garantiza la involucración en su educación dándose una adaptación con éxito.

En realidad, con lo que me solicitaban, junto a un modelo educativo adecuado, el problema se lograría controlar al perro, para así llegar a una edad adulta con la resistencia a su frustración trabajada, necesaria por su peso y raza.

Tras una semana de contacto y trabajo, se observaba un perro que mostraba atención y participación en el adiestramiento social a través del refuerzo positivo.

Su tranquilidad le permitía ser receptor sobre mí y lo qué se le pedía. Tampoco era un perro con exceso de tiro de la correa al pasear, como decía anteriormente sus impulsos se daban al movimiento de papeles, bolsas, hojas…etc. Fruto de la edad y del instinto del ciclo de caza.

Hasta aquí nada fuera de lo normal, lo que llamó mi atención fue en las situaciones en las que el perro pasaba por el lado de otros perros.

El perro pasaba de estar tranquilo y sereno, a impulsarse hacia delante gruñendo y ladrando. 

Una vez más se demuestra que cuando se dan los procesos hacia la agresividad, estos se van alimentando de forma progresiva. El perro estaba desencadenando los mecanismos de la agresividad hacia otros perros, no existía ninguna resistencia ante la situación, automáticamente se tiraba sin pensar en consecuencia.

Y mi pregunta es, ¿Le habrá ocurrido algo con otros perros que haya activado los mecanismos de la agresividad?, ¿se trata de un perro biológicamente agresivo?

Cuando pregunté a los integrantes de la convivencia sobre una mala experiencia con perros, se descartó.  

Se trataba de la manera de ser del perro, ya que aun no llegó a su madurez. Un perro no nace mordiendo, ni creando ansiedad en los demás de forma intencionada.

Por lo cual, no hay que enredarse más, se le debe de exigir cuando se cruce con otros perros, para que aprenda a controlar sus impulsos y le lleve a fomentar su resistencia a la frustración por no poder llegar al otro perro.

Al igual que existen personas con un carácter acentuado y el medio les ha enseñado a contenerse ante los demás, el perro aprende de igual forma, le educaremos con firmeza y constancia sin excepción.

Se le colocará un bozal y le enseñaremos a andar juntos, cuando ya tenga claro queremos de él, buscaremos o provocamos la situación para exigir que se centre en el trabajo.

El perro no es agresivo, es su carácter, su forma de ser unido a la edad crítica hormonal dada por la transición del perro joven a la edad adulta.

Esta edad suele ser un poco estresante para el perro y son persistente en sus conductas. De nosotros dependerá recalcar que rechazamos con constancia, marcando que camino es el que más le conviene para poder convivir junto al humano y los demás perros.

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