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Los miedos generalizados en el perro

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Los miedos generalizados en el perro

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Primer plano de labrador negro

En el artículo de hoy, vamos a hablar sobre los miedos generalizados del perro. Como adiestrador de perros, os comentaré todo detalladamente.

Cuando se habla de miedos que son generalizados, puntuales y variables (que el perro no reacciona todos los días de igual forma), los propietarios se repiten de forma angustiosa, que el perro debe de tener algún tipo de trauma o trastorno, que le impide vivir una vida en paz.

Cuando realmente un pequeño miedo generalizado se fue reforzando a raíz de que el perro descubrió la vía de liberarse de lo que puntualmente le “asustó”. 

Si lo pongo entre comillas, es para puntualizar qué no es lo mismo un miedo consolidado hacia algo en concreto, que un perro asustadizo hacia los estímulos ambientales generalizados.

Al igual que existen personas tensas y que a la mínima se asustan por ruidos o movimientos, existen perros con características similares. 

Lo que suele ocurrir en estos casos es que, sin darse cuenta, la conducta fue reforzada de forma pasiva, por la persona con la que se siente identificada el perro. 

Al permitir sus propietarios la opción de liberarse de esos pequeños “sustos” a través de la huida o el retraimiento, el perro entendió así que hay una salida a sus conflictos internos, procesando un aprendizaje mediante la repetición de las mismas situaciones.

A este punto se llegó a través de la lástima, los excesos de protección o la permisividad en su educación.

Recientemente, he tenido dos casos muy similares y que ambos perros comparten las mismas respuestas hacia los estímulos ambientales. 

Lo curioso de ambos casos es que precisamente los propietarios han enfocado el caso desde el afecto-permisividad, llevados por la lastima y la pena, cuando el animal no presentaba deterioro en ningún ámbito de su vida familiar, social o en su especialidad.

El primer perro se llama Titán un perro de la raza labrador de unos tres años de edad. Un perro social, que se expone a los demás para darse a conocer y muestra curiosidad por las cosas nuevas con entereza y sin inseguridades o miedos.

Este perro fue abandonado y llegó a sus propietarios tras un accidente de tráfico, pasando urgentemente por quirófano para unir sus huesos con placas y clavos por diferentes partes de sus extremidades.

Al año de aquel incidente ya con el perro recuperado de sus lesiones, habituado a su nuevo hogar y al entorno donde se desenvuelve en su día a día, me expusieron el caso.

El perro cuando salía a pasear, presentaba una conducta impulsiva de huida o retraimiento de forma repentina, sobre todo reaccionaba con los sonidos ambientales, no hacia movimientos esporádicos.

Por el paso llevaba durante sus paseos, daba la sensación de que el perro llegaba tarde algún lugar pero, más bien era porque había entrado en esa dinámica para liberarse de sus angustias, acelerando el ritmo, evitando o reculaba, quedando reforzado en su día a día. 

Había momentos en que iba genial y otros que tendía a recular o acelerar el ritmo. No era lineal.

En especial entraba en evitación y exageraba su ritmo de paso, cuando iba en dirección hacia una puerta de garaje.

“Era acercarse a la puerta del garaje y automáticamente aceleraba el ritmo y se doblaba hacía el primer paso de peatones a la derecha”

Estaba claro, su objetivo era evitar a toda costa pasar por delante de la puerta. La permisividad de sus propietarios reforzó la conducta de acelerar el paso y de coger esa dirección.

“El aprendizaje se fue consolidando cada vez que se libró del “sentir” de la angustia que la puerta le generaba”

El segundo caso también fue un perrito abandonado, Tinder. Un perrito mestizo de la mezcla entre teckel con schnauzer. 

Al igual que Titán es un perro con miedos, que se expone con entereza y resistencia a las personas y perros, sin muestras algunas de miedo o agresividad, además con buena tolerancia a las normas de la convivencia y al aburrimiento rutinario cuando se queda a solas en casa.

El caso de este perrito es que cada vez que salía de casa iba muy bien, pero, llegados a un punto en el que nos alejamos de su domicilio, se para en seco y se retrase como si hubiera visto algo que peligrara su vida, reaccionando con la huida como mecanismo de supervivencia.

Opte por cambiar las direcciones para observar las reacciones y ver si era alguna mala experiencia hacia aquel lugar, pero, más de lo mismo de buenas ¡ZAS! Se para en seco, recula y despavorido toma la dirección hacia su casa. 

Sin embargo, si lo forzaba y tiraba un poco hacia delante seguía como si nada, para más adelante intentarlo de nuevo.

¿Qué les unía a estos perros?

¿Ansiedad generalizada? ¿Agorafobia? ¿Personalidad dependiente? ¿Fobia por algún acontecimiento vivido antes de ser adoptado? etc.

Todo esto quedó descartado cuando a ambos perros les ofrecí algo que les gustara, en concreto en los momentos que presentaban la conducta de evitación. Yo sólo me dedicaba a estarme quieto y rígido como un hinco sin hablarle y sin ceder, para luego ofrecerle un bocadito.

¡Ambos me cogieron el premio con ganas!

Por lo tanto, no existía una ansiedad o fobia en el perro. Si lo pensamos bien, ¿Quién tiene apetito en plena crisis de pánico?

Dudo que su organismo tome como recurso primario la comida, prevaleciendo sobre la supervivencia “correr, evitar o atacar”.

Los perros necesitaban exigencia en su disciplina educativa.

Les enseñé a andar “junto” sin tirar de la correa mientras pasean y cuando me aseguré de que tenían claro que se les pedía, los expuse al conflicto sin dar otra opción que seguir junto.

Titán en el momento que nos acercamos a la puerta su reacción fue por la dinámica ya habituada de irse hacia la derecha y para su sorpresa fue mi reacción, “exigirle, NO, JUNTO” para seguir en la dirección que yo decidía de ir. 

Se le veía descolocado, había tenido un impacto educativo y no se lo esperaba, ya que nunca le exigieron en esas situaciones. 

Tras unas repeticiones con firmeza y consistencia sin ceder, Titán mostraba signo de aceptar la norma y dejar a un lado el paso de peatones.

De igual forma Tinder, lo saque a pasear en dirección donde siempre entraba en conflicto, me dedique a hacer lo mismo que con Titán, quedarme quieto y apto seguido a sus impulsos exigirle NO, JUNTO.

Su reacción fue quedarse sentado observando, también había existido impacto educativo, se le veía que estaba pensando, tolerando mi exigencia, para luego aceptar seguir la marcha.

Ambos perros, en el momento que se les exigió con una disciplina firme y constante, desistieron de la forma que habían canalizado sus miedos y se centraron en el paso, o sea en el trabajo.

Tanto Titán, como Tinder se les observa mirando hacia el suelo, centrados en mi paso y no en los estímulos externo. Hay muchos miedos vacíos que se destapan con la primera exigencia impuesta.

Ellos no han cambiado siguen siendo los mismos perros asustadizos, pero, si han mejorado sus impulsos a la exposición. Aprendieron a gestionar sus emociones con un plan educativo basado en el afecto-disciplina de forma consistente.

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